Hasta siempre, Josefa



A. F. Molina y Josefa Echeverría




Esta noche (del lunes 4 al martes 5 de febrero de 2019) nos ha dejado Josefa Anastasia Echeverría Sanz, viuda del escritor y artista Antonio Fernández Molina, nacida en 1923, a la que tanto echaremos de menos. Antonio y Josefa se casaron en Casa de Uceda (Guadalajara) el 6 de septiembre de 1955.

En una entrevista que Antón Castro realizó a Antonio Fernández Molina, publicada el 25 de julio de 1999 en El periódico de Aragón, se dice:



Antonio Fernández Molina ha escrito una gran parte de sus libros a mano, con rotulador y pluma, sobre papeles reciclados, en la atmósfera de la taberna. Tiene los ojos pequeñitos, entrecerrados, de bohemio postergado. Del brazo de su mujer, Josefa, una heroína inadvertida que alumbró a seis hijas…



En efecto, seis, las hijas de Antonio y Josefa: María Helena, Teresa, Verónica, Esther, Isabel y Susana



En una reseña, sobre una exposición dedicada a la obra de Antonio Fernández Molina, en la sala CAI Luzán, publicada el 24 de febrero de 2013 en El periódico de Aragón, Chus Tudelilla escribe:





Una vez más las pinturas y dibujos de Antonio Fernández Molina (Alcázar de San Juan, Ciudad Real, 1927-Zaragoza, 2005) salen de las habitaciones de su casa, y, como siempre, lo hacen en compañía de Josefa Echeverría, la mejor guardiana de tantas historias y ensoñaciones. No sabe Josefa por qué los espectadores que visitan la exposición de Antonio en la Luzán creen que el rostro de la mujer pintada que los recibe es el suyo; no ha reparado en que la cartela cita su nombre. Pues bien, se sonríe. Sabe tanto, Josefa. Cada tarde ocupa su lugar en la sala, delante de los peces que nadan en un mar rojo…



En una entrevista a Antonio Fernández Molina, realizada por Argenis Rodríguez, publicada en El Nacional (Venezuela), el jueves 25 de febrero de 1971, de nuevo, Josefa.


Sí, Molina no para. Molina pasa de los 42 y tiene seis hijas a cual más hermosa. Uno llega a su casa y salen sus seis hijas a invitarlo a uno a jugar a la pelota. O sale Josefa, su mujer, para invitarlo a uno a comer. O sale su sobrina, que es maestra:

—¿Se bebe usted un vinito y se come un pollo?Y el que oye, que soy yo, acepta todo. A mí me gusta el vino y me gusta el pollo.

—Oye, Molina, te estoy arruinando.

—¡Que vas a arruinar! Yo con las letras mantengo a 13 personas, fuera de los invitados.

Cosa que es cierta. En casa de Molina siempre hay un invitado. Todo aquel que traspone su puerta es invitado a comer.Molina no duerme. Molina trabaja en su cama. Se acuesta en una cama donde hay más espacio para los libros.

—¿Y la Josefa dónde duerme?

—Pues, ahí —y Molina señala un sitio muy pequeño.—¿No me vas a decir que con esa barriga que tienes, tú y la Josefa duermen en ese espacio?

—Ya estamos acostumbrados.(…)Y su mujer, la Josefa, es una gran mujer.

—¿Tú no sabes que lo de la Josefa y yo son unos amores célebres?

—No, yo no sé nada.

—Bueno, otro día te cuento.






En los últimos años, tras la ocultación de su «muso A. F. Molina», resultaba un disfrute relatarle a Josefa cualquier noticia nueva relacionada con su esposo; ante una nueva reedición, ante nueva exposición,  le resplandecían los ojos con esa intensidad propia de los «amores celebres», tal como el propio Molina refería en la entrevista arriba citada.




Al enterarse de la noticia Fernando Arrabal ha escrito:
Que Josefa goce con Molina.

A. F. Molina dedicó su libro Lluvia de sonetos (Editorial Fernán-Gómez, Madrid, 1993) a Josefa, de ese libro seleccionamos el siguiente poema:
Sale el sol y acaricia los sombreros
los toros se solazan en los prados
los suspiros de los enamorados
son señales de ricos agüeros
Hay empeñados chirles y logreros
en encontrar absurdos los sembrados
en saltar por su espalda los vallados
y arrebatar la capa a los toreros…
La mágica prestancia de las gentes
ofrece doble casa a los espejos
doble cara al azar doble a las cosas
y perfila silencios evidentes
Los momentos se tornan pronto viejos

Cae ceniza sutil sobre las rosas

Descansa en paz, Josefa.
A. F. Molina y Josefa Echeverría en casa de Úceda en 1953.





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