La vibración interna del canto a la belleza (Sobre Honorio García Condoy). Artículo de A. F. Molina.





La vibración interna del canto a la belleza

Antonio Fernández Molina

 

 

«Hay esculturas que las estatuas de grandes medidas las conciben como bibelots. Y otros que modelan los bibelots con potencia de desarrollo ciclópeo. Y entre estos, con señera supremacía, con aguileña inspiración se encuentra Honorio García Condoy».

José Camón Aznar

 

«Es importante hacer las cosas sin saber para quién o para qué».

Honorio García Condoy

 

El centenario del artista está cambiando por fortuna esta situación, pero, hasta no hace mucho, aunque Condoy fuera justamente admirado por sus devotos, su obra no se había difundido de acuerdo a como le corresponde por su gran calidad, que le hace uno de los más grandes escultores del siglo XX. Del desconocimiento que de él se ha tenido da idea el hecho de que su paisano F. Castán Palomar no le incluyera en su Diccionario Biográfico de Aragoneses Contemporáneos de 1934, cuando ya  había obtenido renombrados éxitos nacionales y era muy admirado por escritores y poetas de la generación del 27. Un crítico tan informado y capaz como Juan Antonio Gaya Nuño tampoco le cita en su Escultura española contemporánea aparecida en Madrid, pocos años después de la muerte del artista en esta misma ciudad. Más avisado, sí lo menciona el gran poeta y crítico de arte Juan Eduardo Cirlot en su Arte del siglo XX, publicado en 1972.

 

El 21 de noviembre de 1900 nace en Zaragoza Honorio García Condoy. Su padre era profesor de arte. En el ambiente de su casa se respiraba una atmósfera favorable a esta actividad, y el artista se inclina enseguida por la escultura y el dibujo. Niño particularmente inquieto, a los trece años parte para Barcelona, donde subsiste dedicado a hacer recados y menudas tareas en el taller de un escultor. Deambula por el barrio gótico y visita museos y monumentos. Vuelve a Zaragoza e ingresa en la escuela de Bellas Artes.

Su apasionada entrega a la escultura le vale entre sus conocidos y allegados el apelativo de El Piedras. Se impone su trabajo, adquiere una cierta notoriedad y empiezan a difundirse rápidamente sus obras. Muchas se mueven por el sistema de trueque a cambio de ropas y otros artículos de primera necesidad. Por esa época hizo una cabeza de Beethoven que reproducida circula rápidamente entre los melómanos de la ciudad. Pero Condoy llevaba dentro un mundo personal al que habría de dar cauce, pues no se sentía bien expresado al realizar esculturas más o menos académicas.

La gran escultura realista española del siglo XX pasa por artistas como Victorio Macho, Emiliano Barral y Julio Antonio. El último de vida más corta (1889-1919), de haber vivido previsiblemente hubiera alcanzado a ser una figura como la de Rodin. El descubrimiento de sus Bustos de la Raza le ayudó a Condoy a encontrar un tema de expresión idóneo para su primera etapa fundamental. A partir de 1921 realiza una serie de bustos representativos de la raza aragonesa como su Moza de Ejea de los Caballeros.




El escultor Honorio García Condoy sentado escribiendo o dibujando apoyado en un libro. Al fondo a la derecha sentado aparece Felipe Alaiz. El personaje de la izquierda no está identificado. Imagen tomada de: https://fundacionacin.org/obra/sobre-ramon-acin/fotografia-sobre-ramon-acin/honorio-garcia-condoy-y-felipe-alaiz/

 

Servicio militar en África

 

A la influencia de Julio Antonio, pronto se le sumaron las de Aristides Maillol y Bourdell, y le proporcionaron a sus figuras una flexibilidad permanente en su obra a partir de entonces. También gravitó favorablemente en su trabajo el haber realizado en África el servicio militar. Esta etapa le proporcionó vivencias plásticas que fueron madurando a lo largo de su vida, y comunicaron a su obra un equilibrio muy original y destacado dentro de la vanguardia figurativa. Condoy llegó a soluciones que le sitúan al lado de las de Laurens, Lipichzt Archipenko o Moore. 

El éxito de su obra, en su ciudad natal le valió el encargo de los bustos de Goya y de Joaquín Dicenta, este situado en el parque Primo de Rivera y el segundo en una plaza de la ciudad.

Condoy, hombre de extraordinaria simpatía aunque de carácter muy independiente, tiene entre sus amigos de entonces a los escultores Pablo Remacha, Félix Burriel y Ángel Beyod,, y a los pintores Martín Durban, Santiago Pelegrín y Luis Berdejo. Mientras tanto viaja con frecuencia a Madrid y Barcelona, y pasa una corta temporada en París. A lo largo de su vida tuvo buena amistad con Camón Aznar y, durante una estancia en Salamanca en 1929, le hizo el retrato que podemos contemplar en su museo.

En aquellos años conoció a Lupe Fernández, con quien después se casaría y quien le sobreviviera y guardara durante bastantes años el recuerdo y la admiración inteligente de su obra. Muchacha extraordinariamente atractiva fue su modelo para numerosas esculturas, incluso en muchas para las que no posara se advierten los rasgos y las formas de su musa. Ella le inspiró su famosa Venus del Ebro.








Cuando Condoy obtuvo su beca en Roma llamó a su prometida, quien hizo el viaje en compañía del pintor Suoto. Se casaron el 15 de julio de 1935 en la iglesia romana de Santa María de Trastevere. Por aquellos años mantuvo una gran actividad y se relacionó con importantes creadores del momento. Con motivo del homenaje al pintor Viñes hay una foto que agrupa prácticamente a toda la generación del 27 y a sus más allegados amigos, en ella aparecen Lupe y Honorio García Condoy. A partir de los años 20, Condoy viaja con cierta frecuencia a Madrid. Allí hace muy pronto amistad con García Lorca y los poetas de su generación. Sus obras suscitan admiración entre los intelectuales del momento, hasta el punto de que Gerardo Diego y Edgar Neville financien la realización en materia definitiva de su Eva. Ello facilita su proyección hacia el extranjero. Su obra Siesta obtiene una medalla en la Exposición Nacional.




Homenaje al pintor Hernado Viñes. De pie (de izda a dcha.): José Caballero, Eduardo Ugarte, Eva Thais, Adolfo Salazar, Alfonso Buñuel, Federico García Lorca, Juan Vicéns, Luis Buñuel, Lupe Condoy, Acacio Cotapos, Rafael Alberti, Guillermo de Torre, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Rafael Sánchez Ventura, Maria A. Agenaar Volgelzanz, Honorio Condoy. Sentados : Alberto Sánchez, Delia del Carril, Pilar Bayona, Hernando Viñes, Lulú Jourdan, María Teresa León, Gustavo Durán, Sra. de Dorronsoro. Primera fila: Domingo Pruna, Hortelano, Pepín Bello y Santiago Ontañón. Madrid, mayo de 1936. Archivo de Juan Vicéns y María Luisa González. Archivo Residencia de Estudiantes.




Instalados los Condoy en Roma, gracias a una beca, Honorio trabaja intensamente durante alrededor de dos años. Entra en contacto con el arte antiguo y moderno italiano. Se ha señalado la posible influencia en su escultura de algunos aspectos del futurismo, pero pienso que, sin descartarla totalmente, el aspecto vanguardista está más en sus relaciones con el arte negro y con la escultura arcaica de los pueblos primitivos que han sido tan radicalmente influyentes en la escultura europea de la primera mitad de este siglo.

En Roma se cernía una nube preocupante para Condoy que se mostraba con tonos cada vez más sombríos, Mussolini. Cuando empieza la guerra civil española, decide abandonarlo todo y el matrimonio parte con lo puesto para Bruselas. En Roma quedan sus esculturas de aquella etapa. Y hasta el presente son desconocidas pues, a pesar de las gestiones que el escultor realizará después nunca pudo averiguar su paradero.

 

La Escuela de París


En cuanto llegó a Bruselas, Condoy inicia una vertiginosa actividad creadora y en poco tiempo reúne esculturas suficientes para realizar una bien abastecida exposición que vende en su totalidad. Inmediatamente Condoy y su esposa se trasladan a París. Honorio tenía bastantes amigos y estaban en contacto con la totalidad de los artistas españoles de la Escuela de París. En este momento es aún joven y se encuentra en la madurez de su talento. La ciudad le fascina, Condoy decía que no concebía otro lugar que París para vivir y su estímulo es altamente beneficioso para su obra. Se instala en un cómodo estudio de Montparnasse, en un edificio exclusivamente habitado por artistas. 

Allí, en ocasiones, acude a visitarlo Picasso, quien siempre sintió gran aprecio por la obra y la persona de Condoy. De ello da fe el hecho de que fuera uno de los contados amigos que podía llamar a la puerta de Picasso, con la seguridad de que le recibiría. Su obra se abre camino. Frecuentemente es reproducida en revistas internacionales al lado de los más prestigiosos escultores. Se vende bien y le permite desenvolverse con desahogo económico. El dinero lo utiliza con esa generosidad del aragonés que sale desprendido.

Le gustan las antigüedades y ayudar a los artistas amigos menos afortunados que él. Es normal que varios de ellos le acompañen a comer. El trato humano es el complemento de su trabajo. Crea con gran fluidez obras de calidad perfectas en su género. Y prosigue una evolución paulatina y coherente, sin cambios bruscos que comunica una gran unidad a su obra. Fiel sobre todo a la temática del cuerpo femenino, aporta nuevas soluciones plásticas. Principalmente preocupado por el trabajo no se cuida de su difusión. Ello ha dificultado un más amplio conocimiento de acuerdo con su calidad. Aún así, su nombre se abre camino en Francia y Europa.

El interés despertado en Checoslovaquia hizo que le encargaran una selección de sus obras para una exposición en Praga. Se realizó en 1948. Existe una fotografía escasamente difundida hecha en aquellas fechas, en un apartamento de Praga donde, al lado de los amigos checoslovacos, vemos al escultor Lobo, vuelto de espaldas con la mano apoyada en la pared. A su lado Fenosa. Detrás de todos, subido a una silla, un muchacho delgado que es Viola. Antonio Clavé, agachado en el suelo, está delante de Condoy, de pie. Con el brazo en cabestrillo Óscar Domínguez que se había caído durante una borrachera. A la derecha están Pedro Flores y Joaquín Peinado.

Con el paso del tiempo su obra evoluciona hacia soluciones de una más depurada síntesis. Nunca llega a la abstracción aunque en ocasiones la haya cruzado para situarse de nuevo en la interpretación de la realidad. Su obra es el producto de un conocimiento apasionado que la conduce a conclusiones eclécticas, ponderadas e inteligentes. Por eso comunica una impresión de intemporalidad. Aunque acierta en comunicarle el acento de lo moderno posee el tono de lo que ha asimilado, con las aportaciones más renovadoras, las enseñanzas del pasado. Nunca extrema sus, a veces arriesgadas soluciones hacia el expresionismo, por el contrario, una contención, hecha de fuego interior les comunica un equilibrio clásico.

El trabajo y el escaso cuidado que tuviera de sí minaron su salud. Siente la nostalgia de España y vuelve en alguna ocasión. En uno de estos viajes muere en Madrid el 1 de enero de 1953.

 

Fuerza interior

 

Su obra suele estar realizada en piezas de no gran formato. Pero sucede que sobre su tamaño real poseen una esencial dimensión de monumentalismo, que procede de la dinámica de las formas y de su fuerza interior. Desde sus comienzos y durante toda su vida, Condoy simultaneó la escultura con el dibujo, al principio en la línea de un Bourdelle, aunque más afinado. Así realizó una destacada y exenta labor de dibujante. Los testimonios de quienes le conocieron afirman que prácticamente no tenía sus manos desocupadas y en cualquier sitio, en una visita o en una tertulia, seguía el proceso de la conversación sin dejar de dibujar. Realizó miles de dibujos, muchos de ellos distribuidos, sobre la marcha, entre sus amigos.




Honorio García Condoy - Figura II


A veces sus dibujos, muy estimados por los coleccionistas, son bocetos o estudios preliminares, búsqueda de soluciones o formas escultóricas. Y siempre poseen una calidad que, caso de no existir sus esculturas, bastarían para que ocupara un noble lugar en la historia del arte. En ellos usó de muy diversas técnicas, con un desenfado que le llevó a encontrar soluciones sobre la marcha. Y se relacionan con reminiscencias futuristas, cubistas o casi abstractas La libertad que el dibujo es susceptible de proporcionar fue extraordinariamente aprovechada por Condoy. En los estudios de movimientos de volúmenes, la expresividad llega a soluciones altamente sugestivas, plenas de acierto plástico. Su carácter de obras de aparente menor envergadura puede lograr en ella una más rápida solución experimental. Condoy logró una gran intensidad en la línea, en sus figuras de carácter esquemático y en el aspecto que le aproxima a lo helenístico  y que, a veces, sugiere el recuerdo de dibujos de Picasso y de Masson. Al aplicar el color logra efectos de gran valentía y lleva a su más alto desarrollo la amplia serie de dibujos, algunos de formato grande, realizados con cera trabajada con tinta y raspada con una cuchilla de afeitar. Esta técnica, donde logró una gran expresividad, fue influyente en el desarrollo de algunos aspectos del trabajo del Grupo Pórtico.

De acuerdo con su personalidad sus obras son, en definitiva, un canto a la belleza, al amor y a la vida. Desde esta motivación temática fue ahondando en las posibilidades de síntesis. Al abandonar paulatinamente los elementos descriptivos, sus esculturas adoptan la tendencia hacia un arquetipo, siempre de referencia reconocible.

Con el paso del tiempo, a la par que se sitúa en posiciones paralelas al realismo y la vanguardia, con la suscitación de lo arcaico se dirige hacia un punto de síntesis conciliadora entre el futuro y el pasado. Los ritmos lineales, las cadencias armónicas y sus interdependencias ayudan a tensar la vibración interna que aflora en armonía.

 

Revista Trébede n.º 44, noviembre  de 2000. Págs. 44-48.


© Herederos de Antonio Fernández Molina

 

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