Carlos Manzano reseña Solo de trompeta, de A. F. Molina






El escritor Carlos Manzano reseña en su muro de Facebook la novela Solo de trompeta, de Antonio Fernández Molina. Reproducimos, a continuación, el texto:


La deformidad física y la inadaptación individual siempre han sido excusas magníficas para situar al lector frente a la falta de sentido que define lo que en cada época se considera corriente y cotidiano. Desde el famoso insecto de Kafka al personaje de Oscar Matzerath de la afamada novela de Günter Grass, la mirada literaria desprejuiciada y alienada ha devenido en un fabuloso recurso desmitificador (y por eso mismo también desvelador) de nuestra realidad más inmediata. Partiendo de una perspectiva semejante, el escritor Antonio Fernández Molina escribió la novela Solo de trompeta (Libros del Innombrable, 2021), en la que la figura de Miguelín, un joven enano, a medio camino entre la locura y la clarividencia, nos introduce en su mundo privado (la familia, los estudios, la casa, la rebeldía...) y nos expresa su repudio de las convenciones que dan forma al universo exterior y su sustitución por entelequias particulares que elabora a partir de objetos y paisajes como una manera no solo de evadirse de la vulgaridad circundante, sino de erigir otro nivel de conciencia que no por ficticio es menos real (o no menos vívido).
«Las chimeneas me decían cómo era el albañil que construyó la casa y su primer dueño, si no había habido transformación posterior en el edificio. Casi siempre me hablaban de seres brutales y caprichosos, de personas estupidizadas por la rutina, el vinazo y la patata cocida. Pero también descubría otras cosas que no podía entender, de sueños, de anhelos, y para lo que algo me ayudaban mis entretenidas lecturas de cuentos y aventuras, por el momento lo único que me interesaba de los libros».
Lo absurdo depende de la calidad de la mirada con que observamos; la supuesta demencia del protagonista, por tanto, puede también actuar como simple espejo que reproduce la deformidad moral de los otros (volvemos a Kafka de nuevo). En un mundo carente de sentido que, sin embargo, quiere erigirse en paradigma de lo verdadero, apenas un puñado de almas merecen el aprecio de Miguelín: Ana, su primer amor infantil del que apenas quedan rastros («Recuerdo especialmente una cabellera rubia y unos ojos muy grandes»); Corina, la sirvienta con la que vive sus primeros (y tímidos) accesos de sexualidad; Encarna, la vecina empeñada en proporcionarle alimento; y Elisa, la tabernera que acogerá a este y a Aquilino (otro enano que el padre de Miguel contrata para que haga compañía a su hijo) en uno de los capítulos más desveladores del libro.

«―¿Se puede vivir en broma?
―¿Por qué no? Se vive igual. Es lo mismo, nada más que en broma. No solo se vive en serio, se vive de muchas maneras, pero vivir en broma tiene su interés, cuando se puede soportar por mucho tiempo, porque la rutina, sin que te des cuenta, te arrastra hacia la estupidez. Viviendo en broma nada te puede engañar, mientras no tengas que actuar a la fuerza».

No hay, desde luego, ninguna pretensión de ejemplaridad en la conducta de Miguel ni tampoco de ubicarlo en la categoría de víctima de nada ni de nadie. Pero es esa mirada fuera de todo convencionalismo e incluso de un mínimo de decencia (en el sentido más vulgar que podamos darle a esa palabra) el eje sobre el que pivota todo el entramado narrativo. Miguel vive otros mundos y otras realidades que elabora a partir de una palabra o un objeto; trasciende así su propia condición individual y habita otros estadios de conciencia tan auténticos como el mundo físico que lo rodea: ahí parece residir el epicentro de su locura, el síntoma más claro de su enfermedad.

«Y me alejé rápido por mi sueño o mi inconsciencia. Ya no estaba allí, ni volveré a estar, ni estaré (seguramente) más».

Solo de trompeta fue publicada en 1965, en esa España franquista todavía influida por el fascismo más rancio, donde la mediocridad y la infamia representaban las señas de identidad del régimen. No obstante sorprende que su discurso sea tan radicalmente contemporáneo y que en muchos pasajes de la novela podamos coincidir con esa mirada un tanto impúdica de Miguelín y llegar a comprender su falta de empatía por el conjunto de seres que lo rodean. Quizá los tiempos tengan tendencia a repetirse cíclicamente y en el fondo apenas hayamos avanzado nada. De alguna manera, esa huida hacia uno mismo, soslayando los condicionantes externos, parece seguir siendo la única forma que nos queda de subsistir sin dejarnos engullir por la vaciedad que impregna cuanto nos rodea. Sea como sea, esta reflexión no responde más que mi mirada personal, influida como es inevitable por mis propias experiencias vitales, como lo es la que Miguel nos transmite a lo largo de la historia o como lo pueda ser la de todo lector en cuyas manos caiga esta novela. Cómo mirar lo que habita más allá de lo inmediato: en eso podría resumirse todo.

Agradecemos al autor su  generosidad al permitirnos reproducir el texto completo.




Puede leer el texto en su contexto en el muro de Facebook del autor:
https://www.facebook.com/carlos.manzano.92



Si desea más información de Solo de trompeta:
https://www.librosdelinnombrable.com/producto/solo-de-trompeta/


Si desea más información de Antonio Fernández Molina:
https://www.librosdelinnombrable.com/autores/antonio-fernandez-molina/
Hola

Comentarios

  1. jorgefmb.com

    La lectura es una ventana al conocimiento y la imaginación. Abre mundos desconocidos, enriquece el vocabulario y mejora la comprensión. Es un ejercicio vital para la mente, similar a como el deporte lo es para el cuerpo.

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