Hay cartas que llegan tarde, que se extravían, cartas que han estado esperando durante años a que alguien les abra la puerta o la ventana. Las de Antonio Fernández Molina han aguardado en su archivo. Ahora circulan, con sus confidencias, sus noticias, sus entusiasmos y una porción de vida prendida en el papel.
En Llegan cartas. Archivo Antonio Fernández Molina, Chus Tudelilla abre una correspondencia que permite asomarse a la trastienda de la literatura y el arte españoles del siglo XX. Por estas páginas pasan Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Camilo José Cela, Gloria Fuertes, Juan Eduardo Cirlot, Fernando Arrabal, Max Aub, Octavio Paz, Alejandra Pizarnik y María Zambrano, entre otras voces. Cada carta trae su propia temperatura: unas llegan cargadas de proyectos, otras de dudas; algunas hablan de libros, de publicaciones difíciles, de amistades y complicidades; otras dejan escapar, casi sin proponérselo, el aire de una época.
Antonio Fernández Molina, poeta, narrador y artista plástico, tuvo el don de encontrarse en caminos poco transitados. Vinculado al postismo y al movimiento pánico, colaboró en Despacho literario, la revista de Miguel Labordeta, y fue secretario de Papeles de Son Armadans, dirigida por Camilo José Cela. Su actividad lo puso en contacto con escritores y artistas de distintas generaciones y geografías. El correo prolongó esos encuentros cuando la distancia impedía el café, la conversación o la visita. La carta era entonces una mesa portátil: sobre ella podían desplegarse una idea, una queja, un descubrimiento o la noticia de un libro que buscaba editor.
Leídas hoy, estas misivas componen algo más que un retrato de sus corresponsales. Dibujan una red de afinidades, desavenencias, búsquedas y afectos; una geografía literaria que atraviesa la España de posguerra y se extiende a las dos orillas del Atlántico. También revelan las dificultades materiales de la creación, sus esperanzas tenaces y sus momentos de desaliento, en una realidad política, económica y social llena de contradicciones. La gran historia suele presentarse con mayúsculas; en estas páginas, en cambio, también habla en voz baja, desde el borde de un sobre.
Con edición y prólogo de Chus Tudelilla, historiadora y crítica de arte, Llegan cartas recupera una parte sustancial de la memoria de Antonio Fernández Molina y devuelve a la circulación unas voces que aún tienen cosas que decirse, y que decirnos. Porque una carta no termina cuando se lee. A veces empieza entonces.

Comentarios
Publicar un comentario